Thursday, September 29, 2005
DIALOGOS INSOLITOS
LA ONOMATOPEYA A LA JITANJAFORA: "AL MENOS YO TENGO ALGúN SENTIDO".
EL PALINDROMO AL OXIMORON: "SOS TAN CONTRADICTORIO..."
Y ESTE LE CONTESTó: "A VOS, VENGA DE DONDE VENGA, TODO TE DA LO MISMO..."
FRASES QUE PERDURARAN
La sintaxis es una ciudad desierta...
La síntesis nunca pudo doctorarse.
*****************************
EL PALINDROMO AL OXIMORON: "SOS TAN CONTRADICTORIO..."
Y ESTE LE CONTESTó: "A VOS, VENGA DE DONDE VENGA, TODO TE DA LO MISMO..."
FRASES QUE PERDURARAN
La sintaxis es una ciudad desierta...
La síntesis nunca pudo doctorarse.
*****************************
FRASES SUELTAS (PERO PROFUNDAS) (C)2005
No importa cuántos años has vivido, sino cómo lo has hecho.
No importa trabajar mucho, sino trabajar bien.
TELEVISOR: No lugar donde seres de sexo ambiguo se dedican, mediante golpes bajos, a deformar la opinión pública.
************G.Pacheco, 2005
No importa trabajar mucho, sino trabajar bien.
TELEVISOR: No lugar donde seres de sexo ambiguo se dedican, mediante golpes bajos, a deformar la opinión pública.
************G.Pacheco, 2005
Wednesday, September 28, 2005
P U N T A D A S D E H I L V A N (de "Crónicas de la Paranoia", Faro Editorial, Bs. As.1998)
Cada hombre se crea un Equilibrio Cósmico Personal, ya sea ideado por él mismo, o aceptando un sistema que lo establezca. Y a partir de ese momento, el mayor de sus temores es romper ese equilibrio.
No, Jacques Bergier. No estoy totalmente de acuerdo contigo. No hay una Organización de Hombres de Negro. Hay Hombres de Negro en todas las organizaciones.
Yo no voy a visitar a mis muertos a sus tumbas. Los encuentro en mi corazón.
Hay que ser muy elemental o muy ingenuo para suponer que somos lo que vemos, olemos y tocamos. El hombre visible es la punta del iceberg, es la muestra de lo que es el hombre invisible. Y que es invisible porque no tenemos los ojos de la percepción lo suficientemente abiertos para verlo.
El juicio de los hombres se asienta sobre su estómago. Dicho en otras palabras, el buen sentido de la especie humana depende de sus apetitos.
Si el hombre tiene idea de la perfección, es porque la conoció, y podrá alcanzarla.
Cuanto más atrás miremos en el camino recorrido, más entenderemos el que nos queda por recorrer. Hasta es posible que vislumbremos el punto de destino.
Un escritor es un ser humano como cualquier otro, con los ojos dispuestos a observar la realidad circundante, con capacidad para seleccionar el detalle o el ingrediente oportuno, lo digno de destacar; también con el ojo interno dispuesto a mirar a su mundo interior, para relacionar su gran caldero de vivencias, recuerdos, experiencias y reflexiones, con los hechos cotidianos.
Al hombre le gusta que le cuenten historias; muchas veces inverosímiles, fundamentalmente en las que entre algo de omnipotente y sobrenatural. Pero aquél que ha recibido el don de escribir, no lo hace siempre para complacer a los demás. Lo hace generalmente para satisfacer una necesidad personal, aunque sea la de describir una sensación. Es claro que muchas veces se escribe para transmitir algo, una idea, una creencia, una teoría. Pero no siempre se necesita ser escritor para eso.
Existe también la necesidad de permanecer, de perpetuarse; sin embargo la necesidad de escribir es muchas veces mayor que la de permanecer, pues cuando se escribe no se sabe si se va a perpetuar por ello, deseándolo quizás, pero tan sólo como una posibilidad, ya que nadie puede saber si cuando ya no esté en este mundo le importará o no que la gente lo recuerde.
El humorista es un escritor más cuidadoso. Debe saber manejar la síntesis que provoque la imagen impactante; con pocos elementos debe saber llegar rápidamente al rincón sensible del lector. El humorista debe tener la virtud de saber ponerle al prójimo un espejo allí donde y cuando él menos lo espere, lo quiera o lo imagine. A la gente le duele verse sorpresivamente en un momento de debilidad, o entre dos posturas. Dicen que somos lo que pensamos que somos, que contínuamente representamos; pero hay momentos en que, sin quererlo, bajamos la guardia, y es entonces cuando el humorista se acerca por detrás y nos fotografía a traición.
Primero busca dentro de tí mismo: Si no hallas nada ahí, no encontrarás jamás nada en ninguna parte.
El gran secreto del éxito en esta vida es dar respuesta segura a estas tres preguntas: "Qué cosas creo", "qué cosas quiero", "qué cosa soy".
El tiempo de vivir es un mazo de cartas que viene ya barajado. Está en cada uno de nosotros el volver a barajarlo a nuestro modo, o a nuestro modo, ponerlo en orden.
Nuestro pasado es como una bolsa marinera de cuello angosto y muy profunda y cabedora. Los recuerdos son palomas encerradas en esa bolsa, a las que a veces podemos atrapar, y a veces, cuando dejamos la bolsa desatada, se escapan volando y las perdemos, y entonces ¡qué alivio!
En primavera renace la flor, la vida, el amor. Está en nosotros que renazca la primavera.
Ya que la realidad es algo absolutamente subjetivo, toca al artista acondicionar la suya para que, a través de su obra, pueda ser percibida por los demás.
*******Grl.Pacheco, 1998
Monday, September 26, 2005
R E L O J E R I A S
El tiempo es una cosa que da vueltas en el reloj.
(Cuando escribí esto, aún no se habían inventado los relojes digitales.)
Era llano como las nueve y cuarto.
Cuando las nueve y cuarto y las tres menos cuarto se van a visitar, siempre se desencuentran.
Era obtuso como las once y veinte.
Las doce es una hora de ceño fruncido y gesto adusto.
No hay nada tan alicaído como las seis y veinticinco.
Ni tan pesimista como las seis y media.
El reloj brindaba hospitalidad con las diez y diez de sus brazos.
Las ocho y veinte son un señor con lbigotes.
Era astuto y sigiloso como las doce menos cinco.
El reloj es una sucesión de infinitos ángulos. Es decir, infinitos, no. Han un señor que dice que son exactamente ciento veintinueve mil seiscientos.
Es curioso cómo los ángulos se parecen a los hombres:
Agudos unos,
obtusos otros,
rectos los menos,
llanos los más.
Un ángulo cenvexo es un ángulo que antes era infiel.
(O es todo lo que hays alrededor de un ángulo cóncavo.)
No hay nada máss femenino que la una.
Las ocho parecen un burguéss bajito haciendo el saludo fascista.
Las siete se mueren de languidez esperando que sean las siete y media, para apoyarse en el minutero.
Las siete menos veinte. Una navaja de afeitar a medio abrir.
(¿Se acuerdan de las navajas de afeitar?)
Las tres: A la torta del reloj le falta un pedazo.
Había un reloj de sol tan egoísta, que en vez de dar las horas, las prestaba.
El reloj de sol suspira, porque de noche se convierte len reloj de luna.
Aquel reloj de arena tenía un secreto: Una vez lo habían usado para hervir un huevo.
La luna es un reloj sin agujas. Por eso la prefieren los enamorados. Para ellos, el tiempo no existe.
El reloj es el corazón de los hombres de negocios; bueno, tic-tac, hace...
Por eso no tienen reloj los poetas.
Reloj de sol: Un ángulo consigo mismo.
Probado: Cleopatra nunca tuvo una clepsidra digital.
Tontería del hombre: Pretender medir el tiempo, como si este transcurriera.
Los que transcurrimos somos nosotros.
(Cuando escribí esto, aún no se habían inventado los relojes digitales.)
Era llano como las nueve y cuarto.
Cuando las nueve y cuarto y las tres menos cuarto se van a visitar, siempre se desencuentran.
Era obtuso como las once y veinte.
Las doce es una hora de ceño fruncido y gesto adusto.
No hay nada tan alicaído como las seis y veinticinco.
Ni tan pesimista como las seis y media.
El reloj brindaba hospitalidad con las diez y diez de sus brazos.
Las ocho y veinte son un señor con lbigotes.
Era astuto y sigiloso como las doce menos cinco.
El reloj es una sucesión de infinitos ángulos. Es decir, infinitos, no. Han un señor que dice que son exactamente ciento veintinueve mil seiscientos.
Es curioso cómo los ángulos se parecen a los hombres:
Agudos unos,
obtusos otros,
rectos los menos,
llanos los más.
Un ángulo cenvexo es un ángulo que antes era infiel.
(O es todo lo que hays alrededor de un ángulo cóncavo.)
No hay nada máss femenino que la una.
Las ocho parecen un burguéss bajito haciendo el saludo fascista.
Las siete se mueren de languidez esperando que sean las siete y media, para apoyarse en el minutero.
Las siete menos veinte. Una navaja de afeitar a medio abrir.
(¿Se acuerdan de las navajas de afeitar?)
Las tres: A la torta del reloj le falta un pedazo.
Había un reloj de sol tan egoísta, que en vez de dar las horas, las prestaba.
El reloj de sol suspira, porque de noche se convierte len reloj de luna.
Aquel reloj de arena tenía un secreto: Una vez lo habían usado para hervir un huevo.
La luna es un reloj sin agujas. Por eso la prefieren los enamorados. Para ellos, el tiempo no existe.
El reloj es el corazón de los hombres de negocios; bueno, tic-tac, hace...
Por eso no tienen reloj los poetas.
Reloj de sol: Un ángulo consigo mismo.
Probado: Cleopatra nunca tuvo una clepsidra digital.
Tontería del hombre: Pretender medir el tiempo, como si este transcurriera.
Los que transcurrimos somos nosotros.
Sunday, September 25, 2005
FLASH LUNFOPOETICO (1964)
P I N C E L A D A
El farol va iluminando
con amarillo, la yeca,
y un orre, el faso pitando,
va caminando hacia el feca.
El chafe toca la ronda,
un remolcador que pita,
y un tano en el organito
desgrana "La Cumparsita".
G.Pacheco, (c) 1964
El farol va iluminando
con amarillo, la yeca,
y un orre, el faso pitando,
va caminando hacia el feca.
El chafe toca la ronda,
un remolcador que pita,
y un tano en el organito
desgrana "La Cumparsita".
G.Pacheco, (c) 1964
CITOLOGIA DE LA COMUNICACION:
LOS PRESOS SóLO PUEDEN UTILIZAR TELéFONOS CELULARES.-
Friday, September 23, 2005
FRASES QUE NINGUN ESCRITOR SE ANIMARIA A PUBLICAR
1) Los estornudos son capullos que se abren en el jardín del resfrío.
2) La poesía es una secreción involuntaria del alma.
2) La poesía es una secreción involuntaria del alma.
Wednesday, September 21, 2005
POESIA ROMANTICA Y LEVEMENTE BARROCA, PARA CELEBRAR EL DIA DE LA PRIMAVERA, DE LOS ESTUDIANTES, Y DEL AMOR... 21 DE SEPTIEMBRE.
ARCANO
Apoyé la mano en la antigua cancela.
A mi toque el hierro su edad desnudó
y en su árabe forja, quejido de tiempo
mordió sus bisagras, y queda, se abrió.
Penetré en el patio - piedra gris y rosa -
donde el tiempo puso su pátina arcana
(la fuente callaba un rosario de perlas
quebrando en nenúfares el metal del agua).
Sobre el frío banco de piedra mohosa,
atada al granito por brazos de hiedra
una antigua espada - herrumbre gloriosa -
pintaba su rojo en el gris de la piedra.
Con trémula mano la tomé, cogido,
y quise arrancarla a su dosel de moho
- de pronto en el cielo, horrible estampido
anuncia tormenta con tremendo modo -
Presto y temeroso retiré la mano
del arma yacente, y elevé los ojos;
y ante el espectáculo del cielo fulgente
por la ira divina, me postré de hinojos.
********** año 1964
POESIA RAPIDA DEL MIERCOLES - POESIA RAPIDA DEL MIERCOLES - POESIA RAPIDA DEL MIERCOLES -
MONEDA DE HIERRO
(o del proceso inflacionario en la Argentina)
28 de enero de 1965
Moneda de hierro, redonda, aplanada,
disco árido y frío de duro metal,
llevas en la frente escrito cuánto vales
¡y tienes la cara volteada hacia atrás!
Moneda de hierro, metal duro y basto,
¿qué quedó del oro que fue tu patrón?
¿Que fue de aquel "fino" que grado tenía?
¡Sólo tú quedaste, disco de latón!
***************************
Tuesday, September 20, 2005
NARRATIVA - NARRATIVA - UN CUENTO DE LOS AÑOS SETENTA -
T E L E V I S O R
Norberto llegó a su casa algo más nervioso, cansado y tenso que de costumbre. Esos regresos a casa de todas las tardes, con esa sensación de que cualquiera de ellos podría ser el último, ese no poder compartir con Nora su preocupación, hacía que la vuelta a casa no fuera en absoluto una promesa de alivio, de paz, de descanso, sino otro eslabón en la cadena de tensiones y sobresaltos que constrituía su vida. En la calle se sentía inseguro, perseguido, acechado por cada peatón, amenazado por cada vehículo que podía atropellarlo y acabar con él en cualquier momento; ¡para qué se habría metido en esto! A veces le parecía que todo era un juego. Que nadie sabía de su existencia, que sus actos carecían de significación, que el ir a la casilla de correo, y retirar y depositar paquetes eran meros actos naturales de inocente correspondencia personal, que recibir y distribuir instrucciones era algo que nadie penaba porque a nadie dañaba; que las palabras "resistencia", "guerrilla", "libertad", "política" etc., no querían decir nada y eran solamente fonemas sin sentido. Otras veces, hasta la cambiante luz de los semáforos le parecía una amenaza de muerte.
Llegó a su casa. No abrió la puerta sin antes estar bien seguro de que nadie lo observaba. Las palabras del teléfono aún resonaban en sus oídos. Era común que el teléfono sonara, y al contestar sólo oyera una voz dura y cavernosa que le anunciaba su muerte para esa tarde. Le ocurría a menudo. Algunas veces le impresionaba más que otras. Hoy, por ejemplo, había sido algo diferente, y quizás se diría original. La voz le había indicado que encendiera el televisor a la hora del noticiero, y que "allí conocería su forma de morir". El casi se rió, pues la frase le parecía una soberana estupidez, pero a medida que se acercaba a su domicilio, las palabras iban creciendo en significado, y constituyeron por su extrañeza, casi un desafío; ¡el televisor, y a la hora del noticiero! ¿Por qué? ¿Por qué no a cualquier hora? Esto, en cierto modo, alejaba toda posibilidad de que hubieran colocado una bomba en sus televisor, o de que lo hubieran electrificado, o algo así... Por las dudas tomaría precauciones.
Nora aún no había llegado. ¡Pobre Nora! Buena esposa en los pocos años que llevaban de casados. Compartía su ideal político, pero, dada la delicadeza de su misión de correo estratégico, no le estaba permitido a él revelar a su mujer sus verdaderas actividades. Nora quizás creía que su participación en el Movimiento era de apoyo espiritual. Si hasta a veces le había preguntado por qué no se enrolaba en las filas de los rebeldes, ya que no tenían hijos y compartían en un todo el mismo ideal, con el mismo entusiasmo y espíritu de lucha. El, con distintos argumentos, la había disuadido. ¡Pobre Nora! Si supiera que se sentía - y probablemente lo estaría - constantemente vigilado, constantemente perseguido... Cerró la puerta de calle con llave y pasador. Nora no se alarmaría si encontraba atrancado, pues estaba acostumbrada a las "excentricidades" de su esposo. Por otra parte, Nora llevaba siempre consigo la llave maestra que abría los pasadores. Despacio, pues tenía tiempo de sobra, y para ir relajando los nervios, fue hacia el bar y se sirvió un whisky con soda. El calor de la bebida al deslizarse por su garganta y llenar su pecho, le devolvió algo de ánimo.
El chalet era pequeño. Verificó las ventanas y la puerta de la cocina. Todo perfectamente cerrado y atrancado. No le quedaba más que encender el televisor y ver el noticiero mientras esperaba que Nora regresara de la peluquería. Por las dudas, tomó un destornillador de su cajón de herramientas (prodigio de orden y aseo) y quitó la parte trasera del aparato en busca de un artefacto explosivo. Sabía que no había nada allí, y sabía que no podía haberlo; además no había NINGUNA huella de que alguien hubiera entrado en la casa durante su ausencia, o la de Nora. Ellos eran metódicos hasta la exageración, por eso el Movimiento lo había elegido como correo estratégico. Cualquier platito, cualquier cuadro o mueble levemente fuera de su lugar, cualquier almohadón arrugado lo habría llevado a sospechar. Nada encontró. ¡Claro, no había nada! Colocó la tapa.
Encendió el televisor. Una tanda de avisos. Terminó la tanda. El locutor anunció el programa de noticias. La suave luz blancoazulada del televisor adquirió mayor brillo, mucho mayor brillo, el azulado se tornó rosado, rojo, violeta, todo en una fracción de segundo...
Cuando Nora regresó, lo primero que hirió su olfato fue un fuerte olor a churrasco. Fuerte.
Se dirigió al living. En la penumbra, el televisor funcionaba normalmente, transmitiendo las noticias del día. El olor provenía de la cosa horriblemente quemada, en el sillón, frente al televisor.
***************General Pacheco, entre 1971 y 1975
Monday, September 19, 2005
BREVES RELIQUIAS DE LA HISTORIA
Fallo de una "Corte de Amor" del s.XII
Una dama se halla separada de su marido, del cual se ha divorciado. Pero el que ha sido su esposo le demanda con instancias su amor:
Fallo de la corte:
"Si dos personas han estado unidas por el vínculo conyugal y a continuación se hallan separadas, de cualquier manera que sea, declaramos que el amor entre ellas no es culpable, sino que hasta es honesto". (Ermenegarda, condesa de Narbonne, circa 1125).
(de "Trovadores y Cortes de Amor", Jacques Lafitte-Houssat, EUDEBA, 1963).
Sunday, September 18, 2005
Poesía del Domingo - Poesía del Domingo - Poesía del Domingo -
JOB
Yo solo te comprendo, viejo patriarca Job.
Resbaló por tus barbas el fuego de la vida
y en tus ojazos mansos se reflejó el amor.
Tus manos sarmentosas, cargadas de heroísmo,
tus vestiduras rotas, y tu temor de Dios.
Yo solo te comprendo, mi viejo amigo Job.
Gral. Pacheco, 1955
Yo solo te comprendo, viejo patriarca Job.
Resbaló por tus barbas el fuego de la vida
y en tus ojazos mansos se reflejó el amor.
Tus manos sarmentosas, cargadas de heroísmo,
tus vestiduras rotas, y tu temor de Dios.
Yo solo te comprendo, mi viejo amigo Job.
Gral. Pacheco, 1955
Saturday, September 17, 2005
NARRATIVA - NARRATIVA - Un Cuento Corto
GIGOLO
La orquesta rompió con un tango. A la luz cambiante y velada de los focos de color las parejas se estrecharon en el abrazo rítmico, en la promesa de acto sin final y lloraron con el bandoneón. Junto a Raúl, en la mesa, una mano madura y fofa, una mano alhajada y manicurada quizás en exceso, se deslizaba morosamente por su pantalón, para finalmente indtroducir algo en su bolsillo. Raúl sintió la presión del rollito contra su pierna. Deberían ser como veinte mil, pensó. Magdalena estaba cada vez más generosa. Le quedaba poco.
La sacó a bailar, y mientras guiaba penosamente por la gastada pista los setenta kilos bien provistos de carne, arrugas, sedas y perfumes, sintiendo en su cuello el aliento entrecortado y alcohólico de su acompañante, pensó en su casita de fin de semana, en los geranios que había plantado el domingo último, ante de tomar el colectivo que lo llevaría al centro, a la rutina, al monótono trajinar sin sentido de todas las noches.
Su compañera ahora lagrimeaba dulcemente, suspirando y pidiéndole que aceptara acompañarla a no-sé-dónde, para divertirse no-sé-cómo, como lo había hecho no-sé-cuándo con no-sé-quién, y que se entía ahora muy sola, y otras cosas más, y que si él la consideraba vieja, y que si no fuera por su dinero él no estaría a su lado ahora, y que todos los hombres son iguales, y otras cosas por el estilo a las que Raúl ya estaba acostumbrado, y resbalaban por sus oídos como la lluvia de invierno en un tejado sin gatos. El, mientras tanto, le había echado el ojo a una turista que, sentada en una mesa de pista, aseguraba a su calvo acompañante, con una copa en la mano que movía agitadamente, que sólo los latinos son verdaderos amantes, y que ella si quisiera ahora mismo... hablaba a borbotones, y la voz le llegaba a veces nítidamente, a veces desvaída entre los acordes de "Derecho Viejo".
El reloj giró varias veces sus flechas indiferentes. A las cuatro, luego del show, había que irse. Acompañó a Magdalena a su departamento. La dejó vestida en la cama, ebria, completamente dormida. En puntas de pie se dirigió la la puerta. Con las solapas del sobretodo levantadas, tiritando, con el estómago crispado y agrio, caminó las ocho cuadras que lo separaban de la lechería donde "guardaba el uniforme". El gallego lo saludó distraído y le reclamó el pago de la semana. Del rollo de billetes sacó dos de quinientos y los puso sobre el mostrador. Luego, en el cuertito del fondo se swacó el smoking y lo colgó en una percha. Tomó de sobre una silla el overol azul y se lo puso. Junto a él estaba el maletín con la cena fría que Laura, su mujer, le preparaba todas las tardes, antes de que emprendiese su camino al trabajo. Masticó ávidamente los sandwiches y bebió la leche. Laura era una gran mujerA las siete llegó a su casa. Laura se estaba levantando para preparar el desayuno a los chicos, que pronto saldrían para el colegio. La besó, y mientras se quitaba el overol y los zapatos para darse una ducha, pensó que cada día se le hacía más penoso ganarse el pan.
***************************** (de "Cada Cual, Cada Cual...") 30-8-1969
Friday, September 16, 2005
COMPRE LOS LIBROS DE JUAN CARLOS LAVARELLO - AUN SE PUEDE CONSEGUIR ALGUNOS POR INTERNET, O EN LAS MEJORES LIBRERIAS - VIVA UN MUNDO PLENO - COMPRE (Y LEA) LOS LIBROS DE JUAN CARLOS LAVARELLO. UNA FORMA MAGNIFICA DE APROVECHAR EL TIEMPO QUE LA VIDA NOS DEPARA - Lavarello Readers Club - Gral. Pacheco.
PEQUEÑA POESIA -
PENDULO DE FOUCAULT (Publicado en "La Prensa", BsAs)
(c) 1990
Estás allí,
libre, y sin embargo
quieto.
Capaz de mostrar cómo
gira el mundo.
Capaz de voltear al hombre
con la inercia de tu masa,
y de obedecer al más leve
movimiento de su mano.
Péndulo.
Potencia estática.
En la cárcel de tu ritmo
vas y vienes como la historia.
************
Thursday, September 15, 2005
SOBRE LA PRIMAVERA - ABOUT THE SPRING - POUR LE PRINTEMPS - PER LA PRIMAVERA -
PRIMAVERA (Para la revista "Delta", sept.1999)
Septiembre, y todo renace. Septiembre, y el aire más claro, fresco en las mañanas y tibio y luminoso en las tardes, nos devuelve las ganas y el placer de vivir.
Flores en los jardines, trinos de pájaros, y ya nos parece que tenemos nuevas fuerzas para enfrentar la vida, esperanzas de concretar planes que tuvimos guardados largo tiempo en nuestra mente. Es la época de abrir las ventanas, de pintar la casa, de renovarse por dentro y por fuera. De comenzar a creer nuevamente en nosotros mismos, en lo que somos capaces de hacer, y en lo que somos capaces de crear y generar. El momento en que nos encontramos es el más adecuado. Es el momento justo. Si tenemos problemas grandes, es el momento exacto par enfrentarlos con el coraje y la alegría de vivir que nos da la fé en nosotros mismos, que nunca debe faltarnos. Y si tenemos problemas pequeños... bueno, es hora de hacerlos a un lado.
En la primavera todo renace. Renace la vida, renace la flor. Dejemos que salga todo lo bueno que tenemos adentro. Abramos nuestro corazón a la amistad, al contacto con los demás, a la acción comunitaria. Dejemos que el sol, que ahora sale con más calor y entusiasmo, nos caliente el alma, nos llene de fervor el corazón. En primavera todo renace. Está en nosotros, en nuestras ganas de vivir, hacer que todos los septiembres vuelva a llamar a nuestras ventanas y a nuestros corazones toda esta alegría hecha canción y hecha torrenbte, hecha fuerza y hecha luz, que es la estación del año a la que llamamos primavera.
*******************************************
Wednesday, September 14, 2005
PEQUEÑA POESIA
HAY UN DUENDE QUE ESTA SOLO Y ESPERA EN UN RINCON
Hay un duende que está solo y espera en un rincón
para alegrar con risas mi triste corazón.
Hay un duende que sufre porque me abandonaste
y espera que devuelvas lo que me arrebataste
Hay un duende que sabe que nunca me has querido
pero que se resiste a echarte en el olvido.
Hay un duende romántico, poeta y soñador
que cuando te recuerda, se desmaya de amor.
---------------Buenos Aires (c) 1992
Hay un duende que está solo y espera en un rincón
para alegrar con risas mi triste corazón.
Hay un duende que sufre porque me abandonaste
y espera que devuelvas lo que me arrebataste
Hay un duende que sabe que nunca me has querido
pero que se resiste a echarte en el olvido.
Hay un duende romántico, poeta y soñador
que cuando te recuerda, se desmaya de amor.
---------------Buenos Aires (c) 1992
Monday, September 12, 2005
NARRATIVE TALES - CUENTOS - CONTES -
LAS INDIAS
Yo, Juan Rodríguez Bermejo, llamado Rodrigo de Triana, quiero, aproximándose el fin de mis días, aclarar una terrible equivocación, una mentira que me llevó al perjurio y al crimen, y que no me deja dormir, pues constantemente sacude mi conciencia, aunque sé que nada se podría hacer para revindicar mis actos, ni calmar el dolor que nace de mi arrepentimiento.
Por esa mentira tuve fama y gloria, si bien fue breve. Por pocos años de una felicidad relativa, y de efímero roce con los grandes de España, el resto de mis días sufrí cárcel y maltratos, sin poder jamás sentirme orgulloso de lo que en realidad fue el acto más importante que llevé a cabo en toda mi vida.
Como dije, soy Rodrigo de Triana. Juan Rodríguez Bermejo fue el nombre cristiano que tuve que adoptar para poder sobrevivir en un tiempo de persecuciones y muerte para los de mi raza y religión, en una época en que se bautizaba católicos a los judíos por millares, extendiéndoles un pulcro certificado que de no llevarlo encima podía costar ser despellejado vivo, colgado de los talones como una res en el matadero. Entre los que fuimos bautizados estaba un tal Yago o Diego Colom, converso genovés que conocí en una taberna de Toledo, y que decía tener ciertos contactos con la Corte. Conversamos mucho con este Diego, con quien tuve varios encuentros, y me contó que un hermano suyo, Sansón Esdras Colom, quien viniera de Génova sin haberse convertido, pero sí cambiado su nombre por Cristóforo, había entusiasmado tanto a los mismos Reyes de Castilla con un plan suyo para un viaje a las Indias por una nueva ruta, que le había valido el puesto de Almirante, otorgándosele gran cantidad de beneficios.
No hay que dudar mucho para concluir que le rogué a Diego que me pusiera en contacto con su hermano, para que éste me incorporara a su tripulación. Yo había estado embarcado en el sur, cuando gracias a mi negra barba y a mi conocimiento de idiomas pasaba por árabe, y allí aprendí a navegar por las estrellas; le dije a Diego que no pretendía solicitar un puesto de piloto; que sólamente me conformaba con ser un humilde marinero.
Pasó el tiempo. Casi había olvidado esta conversación, cuando una tarde en que estaba yo tomando un mal vino en la taberna, veo venir a Diego, quien me dice sin más: "¡Hombre, te estuve buscando! ¡Apresúrate, que mañana partimos a Santa Fe! Has sido contratado para el viaje. Trae el certificado de bautismo". "¡Ah, y toma para los primeros gastos!" dijo, arrojándome como una piedra un doblón de oro, acto que afortunadamente nadie vió, porque pienso que de inmediato habríamos tenido que defender la vida con nuestras dagas; no era el momento ni el lugar para hacer exhibiciones. pero os aseguro que si alguna duda o titubeo tuve al aceptar la invitación, el doblón me los quitó de cuajo. Al día siguiente, muy de mañana, partimos a caballo hacia la ciudad fundada un año atrás por los Reyes Católicos, que quedaba unas cuantas leguas al sur, como a tres días de viaje, en plena Vandalucía. (Después de todo, era mi patria, aunque ahora estaba en manos de los castellanos).
Al cuarto día llegamos a Santa Fé cerca de la hora sexta, y nos dirigimos a la iglesia de la ciudad amurallada, que era donde el Almirante había instalado su cuartel general; todo alrededor del edificio era un ir y venir de gente que intentaba hablar con Colom, marineros de distintas nacionalidades, holandeses, portugueses, gallegos, y muchos genoveses; se oía hablar todos los idiomas, también el idioma de los marineros, jerga llamada papiamento, con la que se comunican entre sí los hombres de mar de todos los países, razas y culturas. Muchas mujeres, también, rondando con el fin de sacar su tajada en ese amontonamiento de hombres. Vendedores de agua fresca, y de dulces y fritangas, envueltos en una nube de moscas. Vida, vida y movimiento; actividad por todas partes.
Como Diego me acompañaba, pudimos pasar rápido y fácilmente en medio de la multitud rumorosa, y atravesar sin inconvenientes el control de los soldados. Yo exhibía a cada requerimiento mi certificado de bautismo, y eso me abría todas las puertas, aunque pienso que muchos de los que me lo solicitaban no poseían la capacidad de leer. Ingresados al suntuoso templo, pasamos a una habitación a la izquierda de la entrada. Allí estaba el Gran Almirante, al que ahora llamaban Cristóbal Colom.
Quedé muy impresionado al verlo; robusto y moreno de imponente actitud, cuando se puso de pie comprobé que su estatura era mediana como la mía. Luego de ser presentado por su hermano, y explicádole éste quien era yo, me dirigió la palabra, comunicándome que me había nombrado segundo comandante de la carabela La Pinta, que acababa de comprar en sociedad con dos de sus hombres, Martín Alonso, y Vicente Yáñez. Lógicamente, el primer comandante era Alonso. Pero no me impresioné precisamente por su personalidad, si bien ésta era fuerte y dominadora; la razón de mi estado de fascinación era que la cara del Almirante, que como buen renegado la llevaba completamente afeitada, ¡era absolutamente igual a la mía! ¡ Por Dios, sus rasgos eran iguales a los míos como una gota de agua a otra! Por suerte, nadie se dio cuenta de eso, pues mi cerrada barba moruna impedía descubrir ese detalle. Pero en mi cabeza, lentamente empezó a tomar cuerpo una idea, que dejo para relatar más adelante.
No voy a relatar los pormenores del viaje, que fueron muchos; borrascas, escalas (una en Portugal), sublevaciones y peleas. Cristóbal Colom era un personaje muy arrogante si bien hablaba siempre con suavidad, aunque con suavidad dijera "degolladle"; mal lider, celoso y muy mezquino, Por cualquier falta menor hacía atar al palo mayor a los marineros que no obedecían como esclavos. Había instalado su cuartel general en la Santa María, que no era una carabela sino una nao. Si bien Martín Alonso y Vicente Yáñez, llamados "Los Pinzones" eran sus socios, él, con esa vocecita suave que tenía, los dominaba como si fueran sus siervos. El convoy se componía de tres naves: La Pinta, de propiedad de Cristóbal Quintero, quien la había cedido para la travesía, a cambio de quién sabe qué suculenta recompensa, o participación en el botín. Esta iba en punta; era una carabela de dos palos a la que, en una escala hecha en Canarias le habían adaptado un aparejo redondo; en esa iba yo, como segundo comandante, y una veintena de pillos de la peor especie. Viéndolos, no me sentía tan maravillado de que se me hubiera designado en tan jerárquico cargo. Segunda iba La Niña, carabela al mando de Vicente Yáñez, y propiedad de Juan Niño, del que nunca supe si participó o no de la expedición, pues yo no tenía contacto con todos los tripulantes, ya que debía permanecer en mi puesto de La Pinta mientras no me requiriera para algo Martín Alonso, o el mismo Almirante, en cuyo caso debería yo trasladarme en una chalupa hasta la Nave Capitana. Por último cerraba la formación la nao Santa María, de propiedad de Juan de la Cosa, que había sido recientemente reacondicionada y bautizada, y cuyo capitán, como dije, era el Almirante. También dije que no iba a contar detalles ni pormenores, pero hay una cosa que tengo que contar, porque es el horrible secreto que no puedo llevar a la tumba sin volverme loco, y que creo que confesarlo posiblemente sea el único camino que alivie a mi pobre alma de algo del fuego del infierno.
Cuando partimos, el Almirante nos habló. Hablaba un castellano claro, sí que mechado con términos latinos, genoveses y gallegos. Nos dijo que íbamos hacia lo desconocido para nosotros, pero que él estaba absolutamente seguro de que llegaríamos a Las Indias, que luego visitaríamos Cipango y Catay, y que volveríamos con los bolsillos llenos. Que al primero que descubriera en el horizonte la línea de tierra que significara que habíamos llegado, los Reyes Católicos le tenían asignado un premio de diez mil maravedíes de oro, y un jubón de terciopelo. El caso fue que me tocó a mí, el doce de octubre del año noventa y dos la lsuerte de distinguir la oscura línea de la costa indiana en el horizonte, y según lo convenido ( y confieso que con alivio y alegría) grité "¡Tierra!", como se me había ordenado. Digo con alivio, porque ninguno de nosotros, salvo, quizás, Colom, estaba seguro de encontrar tierra en ese rumbo, y digo con alegría, porque diez mil maravedíes de oro, o sea los arábigos almorávides, a seis gramos por moneda, constituían más que una pequeña fortuna. Al enviarle Martín Alonso parte al Almirante del descubrimiento, éste dispuso que las naves quedaran a la corda, y requirió también mi presencia. Fuimos en una chalupa de la nave capitana, que vino a buscarnos, y Colom quiso hablar primero con Martín Alonso. Luego de un rato largo - yo esperaba en cubierta, bajo un sol de fuego - Alonso salió y me indicó que entrara, que el Almirante quería hablar directamente conmigo. Entré pues al camarote de Colom, y mi jefe se despidió, comunicándome que cuando el Almirante hubiera acabado conmigo me llevarían de vuelta a mi nave. Cristóbal Colom y yo quedamos frente a frente en la fresca penumbra del camarote; un amplio y pesado escritorio de roble se interponía entre nosotros. El Alamirante me miró fíjamente, y me expresó su inmensa satisfacción por mi descubrimiento, que dijo ser de "fundamental importancia en la historia de la humanidad", y luego de tenderme su mano y estrechar la mía, se dio vuelta, abrió una pesada y sólida caja fuerte reforzada con sunchos y tachas de grueso y negro metal, y sacó dos bolsas medianas, llenas con quizás diez mil maravedíes... de cobre, de los acuñados por los Reyes Católicos, esas moneditas de ínfimo valor, con los cuños de Castilla de un lado, y de León en el otro. En ese momento, casi sin pensarlo, la idea que venía gestándose en mi mente cuando le conocí eclosionó, y con gran rapidez dí la vuelta al escritorio, saqué mi alfanje árabe, y cuando giró hacia mí se lo clavé en el pecho, una, dos , tres veces. El Almirante abrió los ojos muy grandes, no sé si de terror o de sorpresa, el caso es que en el siguiente instante estaba muerto, sin haber emitido un sonido, y casi sin derramar sangre. Como si se tratara de cumplir un plan largamente pensado (y sabe Dios que había tenido tiempo de pensarlo en tantos meses de navegación), corrí a la puerta, la trabé, y llevé a cabo distintas actividades, sin pausa y con algo de prisa: Desnudé el cuerpo, y me desnudé yo. Tomé unas tijeras y una navaja, y rasuré completamente mi querida y cerrada barba árabe. No necesito repetir que mis rasgos y los del cadáver del Almirante eran exactamente iguales. Me dirigí al arcón donde supuse que guardaría su ropa, y saqué una camisa limpia de la batista más fina, blanca, con un bordado alrededor del cuello, y un jubón de brocado verde, recamado de oro y plata, con mangas en forma de buche, terminadas en puños estrechos. Me coloqué los calzones de terciopelo, las medias y los zapatos que le había quitado al cadáver, así como su larga chaqueta roja de mangas sajadas, con grandes solapas color tabaco, ribeteadas de negro. Por último, me ceñí el ancho cinturón de cuero forrado en seda de Catay, y colgué de él la espada. Fuí ante el espejo, le pasé la camisa ensangrentada de Colom, y cuando tuvo brillo peiné ante él mis cabellos, coloqué sobre mi testa el tricornio negro, y me miré finalmente, para ver el resultado de mi obra.
La bruñida plancha de metal reflejaba la efigie del Gran Almirante don Cristóbal Colom
Un instante quedé como paralizado. Me parecía mentira lo que habíaa hecho, pero sabía que en cualquier momento podía alguien golpear la puerta, y si no seguía con mi plan estaría perdido; fuí, pues, hacia el cadáver y lo vestí con mis pobres ropas, junté con todo cuidado los pelos de mi barba, y luego de destrozar con mi puñal las facciones del muerto hasta que quedara irreconocible, apreté sobre la masa sanguinolenta mis atributos pilosos, de modo que si no se lo miraba muy atentamente, podría haber pasado por mi cadáver, con la cara destrozada. Limpié y ordené todo lo que estuviera fuera de lugar como consecuencia de la caída del cuerpo, que no era mucho, guardé las bolsas de monedas en la caja, abrí la puerta del camarote, y llamé, dando grandes voces, pidiendo auxilio.
El segundo comandante Rodrigo de Triana había muerto. Yo era a partir de ahora Cristóbal Colom, o Colombo, o Colón, el Gran Almirante.
Lo demás lo sabéis, es historia. La triste realidad es que ahora estoy muriendo en Valladolid, pobre, enfermo, y olvidado de todos. Sufrí cárcel, fuí encadenado en La Gorda, pagué para muchos injustamente, un precio de terribles sufrimientos. Pero ahora tenéis mi confesión. Si alguna vez vais a Sevilla, entrad en la Iglesia de Rodrigo de Triana, que he mandado levantar a poco de mi regreso a España, y rezad una oración por mi alma.
******************************************************
(de "De Castillos, Princesas y Dragones" 2002)
AVISO BREVE - AVISO BREVE - AVISO BREVE -
English spoken - On parle français - Si parla italiano
Sunday, September 11, 2005
PEDIDO DE PACIENCIA A MIS APRECIADOS LECTORES:
Quiero comunicarles que la razón porque no salieran más notas en esta página en estos últimos once días se debe exclusivamente al hecho de que mi computadora se vio seriamente deteriorada por los incalificables virus y otros herbajos que flotan en la internet como las larvas en el astral. Olvidémoslos, hagamos de cuenta que "Como decíamos ayer..." y ¡A otra cosa!. Mis más afectuosos saludos, El Autor.
Pensamientos de 1967 (38 años atrás)
DEL ASOMBRO POR LO COTIDIANO
Del asombro hacermos algo maravilloso e inalcanzable, y con toda vanidad lo consideramos perdido. Perdido después de haber desgastado nuestro espíritu con la enajenación que produce el famoso "roce con nuestros iguales", la locura que significa vivir en comunidad sin saber hacerlo.
Esta etapa de nuestra historia nos encontró viviendo en cuevas. "Evolucionamos" constituyendo - por razones puramente económicas - lo que dio en llamarse una sociedad.
Ahora estamos nuevamente viviendo en cuevas, pero mucho peores que las primeras, porque están dentro de nosotros mismos, porque son negros agujeros donde se encierra nuestra alma, mientras que por fuera fingimos preocuparnos por la salud del prójimo.
Llevamos bien altas las banderas de ceniza.
Con vistosos caracteres de plástico, en los que se lee:
"Dios, Patria, Hogar, Unicef..."
Cantamos loas a la gente que piensa, a la gente que siente,
o que dice que siente,
pero lo hacemos por medio de la gente que cobra para cantar loas,
porque ¿Qué dirían - los demás - de nosotros, si nos sorprendieran cantando en la calle?
Qué diría su vecino, ése, el del departamento de enfrente, si un día usted, en vez de refunfuñarle "Buennññfff" al recoger el diario, o la leche, o al volver del incinerador, le dice: "Hoy es un día maravilloso, amigo, venga un abrazo, y lo invito al zoológico, o a que charlemos sobre la última pelea de Monzón...
Lo más probable es que ql volver del fortísimo shock que sus palabras le provocaran, lo mire extrañado, y muy nervioso, le conteste tartamudeando:" eee... nno, gracias, mi señora... mmmgñññ... ¿sabe?" y cierre violentamente la puerta, o huya por el pasillo pensando sinceramente que Vd. está loco, o es un pobre idiota, por haber pretendido hablar de igual a igual con otro ser humano que habita a un metro y medio de su guarida, que habita en la cueva de enfrente, a miles de kilómetros de distancia social... sin tabúes, mitos ni rituales...
Están el bien y el mal.
El bien y el mal individual, y el bien y el mal colectivo, que son distintos.
Está el bien y el mal social, el bien y el mal económico, el bien y el mal político, y el bien y el mal religioso.
Los bienes y los males.
Sólo que el hombre, así, con minúscula, no tiene - por lo general - capacidad (o coraje) para el análisis.
Muchos hombres se colocan a sí mismos la Hache Mayúscula, y muchos hombres colocan a determinados otros la citada Hache.
Pero ésta no tarda en deteriorarse, y se cae.
La verdadera Hache Mayúscula no es de quita y pon, sino que le crece al Hombre Verdadero, y no se le cae ya más.
Busquemos al Hombre Verdadero.
Animémonos a buscarlo.
¿Nos animaríamos?
...¿y después?
********************************* Gral.Pacheco, 1967
